Pensados para sectores históricamente subatendidos, los microseguros se consolidan en América Latina como una puerta de entrada a la previsión. En diálogo con Belén Gómez, Miembro del Consejo de Administración de RUS; Gabriela Bruzzese, vicepresidenta de AAPAS; y Celeste Torres, Gerente Comercial AMBA de VISRED, analizamos experiencias regionales y el delicado equilibrio entre tecnología, regulación y el rol del Productor Asesor.
Escribe Lic. Aníbal Cejas
Una de las cuestiones clave en el desarrollo de los microseguros es la integración tecnológica. Mientras la inteligencia artificial se entrelaza cada vez más en los procesos comerciales, su potencial aún se está descubriendo. El diseño y distribución de microseguros es un campo donde se está definiendo su rol, particularmente en el área de diseño y distribución para sectores subatendidos.
Belén Gómez, de RUS, explicó que la tecnología, incluyendo a la IA, no es un fin en sí mismo: “En el campo de los seguros inclusivos, la tecnología vale en la medida en que ayuda a resolver una de las 5 dimensiones de la inclusión financiera: la accesibilidad. En ese sentido, su principal aporte está en democratizar el acceso, es decir, hacer posible que el seguro llegue a personas, actividades y territorios a los que históricamente no llegó.
Desde esa mirada, la inteligencia artificial puede cumplir un rol importante. Por ejemplo, en el diseño de productos permite trabajar con información territorial, climática o productiva para ajustar coberturas al riesgo real, incorporando información territorial, climática o productiva. Esto es clave en seguros inclusivos y también en microseguros, donde no hay margen para productos genéricos.
Los seguros paramétricos son un buen ejemplo de esto: el uso de datos satelitales y modelos predictivos hace posible ofrecer coberturas simples y objetivas para pequeños productores o actividades expuestas al clima, algo que el esquema tradicional de peritación difícilmente podría sostener.
Ahora bien, esa innovación no es solo tecnológica. También es cultural. Implica que la aseguradora confíe en parámetros externos sin peritación tradicional, y que el asegurado confíe en que el pago dependerá del comportamiento de un indicador previamente acordado. Eso requiere tiempo, pedagogía y acompañamiento.
En la distribución, el mayor aporte de la IA está en reducir fricción y complejidad. Asistentes virtuales, automatización de procesos y atención multicanal ayudan a explicar coberturas en lenguaje simple y a escalar la llegada”, afirmó.
Y continuó: “Esto no significa que todo deba ser digital desde el primer día. En Río Uruguay Seguros tuvimos experiencias muy claras en ese sentido: en algunos locales comerciales de microseguros en barrios de menores ingresos, durante los primeros meses las denuncias se tomaban con “papel y lápiz”, porque era lo más práctico. Después, de manera gradual, se incorporaron herramientas digitales. La tecnología no puede excluir más de lo que pretende incluir. En la gestión de siniestros, la inteligencia artificial también puede aportar, sobre todo cuando se aplica con criterio de proporcionalidad. En seguros inclusivos, la rapidez y la claridad de la respuesta son centrales para que el seguro sea efectivamente utilizado. Automatizar lo simple permite liberar recursos para atender mejor lo complejo.
En definitiva, la IA agrega valor cuando es correctamente utilizada: cuando garantiza y amplía el acceso, y mejora la experiencia, no cuando se convierte en una barrera invisible”.
La segunda en la ronda fue Gabriela Bruzzese, Vicepresidenta de AAPAS, quien aportó: “La inteligencia artificial puede cumplir un rol estratégico y transformador en esta área de desarrollo, tal como ya empieza a observarse en distintas experiencias de América Latina. En primer lugar, la IA permite diseñar productos más adecuados a realidades socioeconómicas diversas, utilizando datos alternativos y modelos predictivos para identificar riesgos, hábitos y necesidades de poblaciones con alta informalidad. Esto posibilita microseguros simples, accesibles y con primas acordes a la capacidad real de pago, algo clave para ampliar la inclusión aseguradora.
En segundo término, la IA facilita una distribución más eficiente y de bajo costo, a través de canales digitales, asistentes virtuales y automatización de procesos comerciales y administrativos. En países como Brasil, México o Colombia ya se utilizan soluciones basadas en IA para comercializar microseguros vía telefonía móvil y mensajería instantánea, reduciendo barreras geográficas y operativas.
Ahora bien, en la Argentina este debate debe leerse desde una realidad particular. Nuestro país cuenta con un sistema histórico de Seguridad Social, salud pública y redes de contención que durante décadas amortiguaron los riesgos básicos de amplios sectores de la población. Sin embargo, ese sistema hoy atraviesa una crisis profunda, con tensiones de financiamiento, deterioro en la calidad de las prestaciones y crecientes dificultades para sostener el nivel de cobertura alcanzado”, analizó.
Y señaló: “En este contexto, los microseguros no deben pensarse como un reemplazo del Estado ni de esas redes históricas, sino como una herramienta complementaria. Ese rol complementario está asociado a fortalecer la cultura de la previsión y no a la emergencia.
Aquí, creo, se abre una oportunidad concreta para la Argentina: utilizar la tecnología y la inteligencia artificial para desarrollar microseguros que acompañen esta transición, ayudando a que sectores hoy cubiertos de manera parcial o insuficiente incorporen hábitos de previsión, planificación y protección complementaria. Esto resulta especialmente relevante si el país avanza hacia un escenario de mayor estabilidad económica, donde la educación financiera y aseguradora será un factor decisivo”.
Por último tomó la palabra Celeste Torres, Gerente Comercial AMBA de VISRED, quien sobre el tema dijo: “En VISRED entendemos a la inteligencia artificial como una herramienta al servicio de las personas. Hoy la utilizamos para potenciar a nuestros Productores Asesores, simplificar procesos y acercar soluciones reales a sus asegurados.
A través de desarrollos como multicotizadores inteligentes, tableros de gestión, automatización de flujos comerciales y generación de contenidos personalizados, logramos que el seguro sea más simple de explicar, más rápido de contratar y más fácil de sostener en el tiempo.
La IA nos permite leer datos, detectar oportunidades y diseñar estrategias de microsegmentación que luego se traducen en productos concretos: coberturas modulares, accesibles y pensadas para realidades específicas. Pero el diferencial está en cómo combinamos esa tecnología con acompañamiento comercial.
En ese cruce entre tecnología e intención aparece nuestro propósito: usar la innovación para humanizar el seguro, ampliando el acceso a la protección y construyendo puentes entre las compañías y las personas que más lo necesitan”.
« En el campo de los seguros inclusivos, la tecnología vale en la medida en que ayuda a resolver una de las 5 dimensiones de la inclusión financiera: la accesibilidad»
Belén Gómez, Miembro del Consejo de Administración de RUS
« La inteligencia artificial puede cumplir un rol estratégico y transformador en esta área de desarrollo, tal como ya empieza a observarse en distintas experiencias de América Latina»
Gabriela Bruzzese, Vicepresidenta de AAPAS
«La IA nos permite leer datos, detectar oportunidades y diseñar estrategias de microsegmentación que luego se traducen en productos concretos»
Celeste Torres, Gerente Comercial AMBA de VISRED
Los microseguros digitales en Latinoamérica
En Latinoamérica ya hay experiencias de microseguros digitales, que pueden constituir una guía para quienes están comenzando.
Torres aseguró que hay experiencias muy valiosas en la región, y destacó: “Un aprendizaje clave fue el uso de asistentes virtuales no solo para atender clientes, sino también para capacitar y acompañar a asesores, lo que genera cercanía y aumenta la confianza en el producto.
Otro punto fundamental fue aprovechar canales que ya estaban en funcionamiento, como entidades financieras, billeteras digitales y redes de agentes locales. La combinación entre tecnología y presencia territorial permitió distribuir microseguros de manera eficiente, apoyándose en redes existentes y sumando herramientas digitales que potencian el alcance”.
En el mismo sentido, Bruzzese declaró: “En la experiencia internacional se observa con claridad una segmentación funcional del ecosistema asegurador que resulta especialmente interesante para el debate local.
Las experiencias de México, Colombia y Brasil ofrecen lecciones valiosas sobre cómo avanzar en el desarrollo de microseguros digitales orientados a mercados subatendidos. En estos países se han implementado programas exitosos que priorizan productos claros, de bajo costo y ajustados a las necesidades reales de microemprendedores y trabajadores informales.
En Brasil, por ejemplo, iniciativas como MAPFRE Na Favela han desarrollado coberturas básicas (salud primaria, fallecimiento y protección de bienes), utilizando un lenguaje simple y condiciones comprensibles para el público objetivo”.
Y observó: “Un denominador común en estas experiencias es el uso intensivo de la tecnología digital para reducir barreras de acceso. Canales móviles, pagos digitales y plataformas de auto contratación permiten que personas tradicionalmente excluidas del sistema asegurador puedan contratar y gestionar coberturas de manera sencilla, superando limitaciones geográficas y operativas. En este sentido, las plataformas digitales y los bancos cumplen un rol claro como puerta de entrada al seguro, aprovechando su capilaridad, su infraestructura tecnológica y su base de clientes.
Otro aprendizaje relevante ha sido la capacitación de los canales y de los propios usuarios mediante herramientas digitales. En Colombia y Brasil se utilizan asistentes virtuales, incluso con inteligencia artificial, a través de WhatsApp u otras plataformas de mensajería para responder consultas en tiempo real, educar sobre coberturas y acompañar el proceso de contratación, reduciendo costos operativos y fortaleciendo la confianza inicial en el seguro”, continuó.
Además, Bruzzese afirmó que las alianzas estratégicas entre aseguradoras, instituciones financieras y otros actores del ecosistema han sido decisivas para escalar estos modelos. Sin embargo, resaltó que en estas experiencias se observa que si bien bancos y plataformas digitales funcionan eficazmente para la distribución de microseguros y productos simples, no avanzan sobre coberturas que requieren análisis profesional, asesoramiento personalizado y gestión de riesgos complejos. En ese sentido, afirmó que ello responde, más que a una barrera normativa, a una limitación natural del propio modelo de digitalización, el cual no está diseñado para brindar asesoramiento profundo, diagnóstico individual ni acompañamiento técnico sostenido en el tiempo.
“Incluso en países como Colombia, donde la penetración de seguros digitales aún es baja, se confirma que la tecnología por sí sola no alcanza. Es necesario reforzar la cultura aseguradora y la confianza del consumidor para que la digitalización sea efectiva y sostenible”, añadió.
Y concluyó: “En síntesis, las experiencias de México, Colombia y Brasil muestran que los microseguros digitales funcionan mejor cuando combinan productos sencillos y relevantes, tecnología que facilita la contratación y la gestión, herramientas de capacitación digital para clientes y canales, alianzas financieras y comunitarias que amplían el alcance, y una clara delimitación de roles dentro del ecosistema. De este modo, la digitalización amplía la base de asegurados y fortalece la cultura de la previsión, mientras que el asesoramiento profesional queda naturalmente reservado para aquellos riesgos donde el valor técnico y humano resulta indispensable.
En definitiva, sin una estrategia integral (producto, digitalización, educación y canales adecuados) la digitalización por sí sola no alcanza su máximo impacto”.
Luego tomó la palabra Gómez, quien sostuvo: “América Latina es un laboratorio muy interesante en materia de seguros inclusivos. Combina una brecha de protección muy alta con un ecosistema insurtech en expansión, partiendo de la premisa de que las insurtechs no son una amenaza para las aseguradoras sino verdaderas aliadas en un ecosistema cada vez más robusto.
Me parece importante mencionar el informe ‘De la innovación digital al impacto: Reporte de desarrollo sostenible del sector insurtech en América Latina y el Caribe’. Lanzado en octubre de 2025 por el PNUD y la Alianza Insurtech Panamericana (AIP), diagnostica cómo más de 60 insurtechs en seis países (Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, México y República Dominicana) impulsan los ODS. Una de las principales lecciones que deja dicho estudio, es que el crecimiento tecnológico no garantiza, por sí solo, impacto social. La diferencia la hace el modelo.
Un primer aprendizaje es que los seguros inclusivos digitales funcionan mejor cuando se integran en ecosistemas pre-existentes”, explicó.
Y prosiguió: “En Brasil, México, Colombia, entre otras, muchas iniciativas exitosas se apoyan en billeteras digitales, plataformas de pago, cooperativas o esquemas comunitarios. Esto reduce el costo de adquisición, mejora el acceso y aprovecha relaciones de confianza ya construidas. No es casual: en términos de inclusión financiera, el recorrido suele ser primero medios de pago, luego cuenta, después crédito y recién más tarde seguro. Pretender que el seguro sea la puerta de entrada suele ser forzado.
Un segundo aprendizaje es la importancia de iniciar el diseño a partir de la realidad del usuario. El informe muestra que el ODS 3 (salud y bienestar) concentra una proporción significativa de las soluciones insurtech de la región, justamente porque la tecnología permitió crear productos simples, de uso frecuente y con beneficios fácilmente comprensibles. En cambio, otras coberturas vinculadas a lo agrícola y climático, aunque estratégicas, requieren un trabajo mucho más profundo de diseño, distribución, confianza y educación. Esto refuerza una idea clave: los microseguros son una categoría dentro de los seguros inclusivos, útil para ciertos riesgos, pero no deben pensarse de manera aislada ni como la única respuesta a la exclusión aseguradora”, remarcó.
“Un tercer aprendizaje es que la experiencia postventa define la adopción. Donde la digitalización permitió simplificar denuncias y acortar tiempos de pago, la percepción del seguro cambió de manera significativa. En sectores vulnerables, un siniestro mal gestionado no es solo una mala experiencia: puede tener consecuencias económicas graves.
Finalmente, es importante decir que hoy las insurtech de la región han avanzado más rápido en prácticas internas que en impacto externo, así uno de los grandes desafíos es traducir la capacidad tecnológica en productos con impacto real (el 61% de las insurtechs de la región declara atender al menos a un segmento vulnerable, pero no siempre logra transformar esa intención en soluciones efectivas y comprensibles para el usuario final)”, cerró.
Argentina: limitaciones para la masificación
En la misma línea, las especialistas señalaron las limitaciones regulatorias y tecnológicas que evitan la masificación de estos productos en Argentina.
Bruzzese aseguró que en lo regulatorio no se observan limitaciones, pero consideró necesario trabajar en la simplificación de textos.
“En cuanto a lo tecnológico, si analizamos desde el punto de vista financiero, la situación es distinta. La expansión de billeteras virtuales, pagos digitales y sistemas como la SUBE ha resuelto en gran medida el acceso a medios de pago y transacciones cotidianas, incluso en sectores de bajos ingresos. El desafío ya no es tanto el acceso financiero, sino la falta de hábitos de ahorro y planificación, lo que limita la adopción de instrumentos de previsión, incluido el seguro.
En este contexto, la educación financiera temprana aparece como un factor clave. Incorporar contenidos de ahorro, previsión y gestión del riesgo desde la escuela primaria podría ser determinante, especialmente si la Argentina avanza hacia un escenario de mayor estabilidad macroeconómica. Sin ese cambio cultural, incluso los productos más accesibles encuentran un límite en su adopción”.
Por su parte, Torres comentó: “Desde lo regulatorio, en Argentina es clave tener muy claros los límites y alcances de las coberturas. En ese sentido, el rol de la Superintendencia de Seguros de la Nación es central para ordenar el mercado, proteger al consumidor y evitar prácticas confusas o abusivas en productos que, por su simplicidad, deben ser especialmente transparentes”.
En la dimensión tecnológica, Torres afirmó que el principal desafío sigue siendo la integración entre sistemas tradicionales y nuevas tecnologías. “Muchas compañías están en ese proceso, buscando aprovechar mejor la IA y las plataformas digitales como canal de comercialización. A eso se suma que, en algunas zonas, todavía hay consumidores con baja familiaridad digital, lo que obliga a pensar estrategias híbridas y adaptadas a cada realidad”, observó.
Y añadió: “Desde VISRED asumimos este desafío de manera activa: trabajamos para integrar estructuras y procesos tradicionales con herramientas digitales y soluciones basadas en IA. Creemos que la tecnología debe simplificar, acercar y amplificar, pero nunca reemplazar el vínculo. Por eso combinamos innovación con una red de Productores formados, presentes y empáticos, capaces de traducir lo técnico en algo comprensible y cercano.
En ese sentido, la integración con billeteras virtuales y fintech locales abre una oportunidad enorme para llegar a nuevos públicos. Permite ofrecer microseguros en espacios donde las personas ya están realizando otras transacciones, lo que facilita una contratación ágil, simple y segura, con medios de pago digitales.
Además, habilita esquemas de débito automático, lo que mejora la continuidad de cobertura, la retención de clientes y permite tener una visión más completa del comportamiento de pago. Todo eso suma eficiencia tanto para las compañías como para los asegurados”.
La ronda terminó con Gómez, quien consideró: “Argentina tiene condiciones muy favorables para avanzar en seguros inclusivos, pero también enfrenta desafíos estructurales que no pueden soslayarse.
Desde lo regulatorio, uno de los principales retos es acompañar la digitalización completa del ciclo del seguro. Muchas normas fueron pensadas para productos complejos y canales presenciales, lo que dificulta escalar coberturas simples, de bajo monto y alta rotación. Esto impacta directamente en la viabilidad económica de los seguros inclusivos.
Otro punto sensible es el uso de datos y automatización. El ecosistema insurtech avanza rápido y plantea desafíos en materia de explicabilidad, protección de datos personales y responsabilidad frente a decisiones automatizadas. La experiencia comparada muestra que los enfoques graduales, con pilotos y aprendizaje institucional, suelen dar mejores resultados que los cambios abruptos.
En el plano tecnológico, persisten brechas de conectividad y alfabetización digital, especialmente fuera de los grandes centros urbanos en una Argentina heterogénea. Esto obliga a diseñar soluciones flexibles, que no dependan exclusivamente de canales digitales sofisticados. Además, dentro del propio mercado asegurador existen desafíos de integración de sistemas y costos operativos que podrían condicionar la escala.
Por eso, la masificación de los seguros inclusivos en Argentina no depende solo de sumar tecnología, sino de alinear regulación, procesos y capacidades reales del mercado”.
PAS y digitalización
Para concluir, consultamos por la integración de los PAS y corredores al nuevo ecosistema digital.
Gómez aseguró que los PAS no pierden protagonismo en el desarrollo de seguros inclusivos, sino que al contrario, son esenciales para ello.
Lo explicó así: “La tecnología puede facilitar el acceso, pero la confianza se construye en el territorio. En poblaciones subatendidas o invisibilizadas, el/la PAS es quien da cercanía, explica, acompaña y valida el sentido del seguro. Esa función es irremplazable, sobre todo cuando se trata de personas que nunca antes tuvieron una póliza.
Además, los/las PAS cumplen un rol central en la persistencia. Muchos seguros inclusivos fracasan no por el precio, sino porque no logran sostener el vínculo en el tiempo. El intermediario es quien mantiene viva esa relación, incluso cuando parte del proceso está automatizado.
También son fundamentales como articuladores locales dentro de ecosistemas más amplios, trabajando con cooperativas, comercios, organizaciones comunitarias o gobiernos locales. En estos esquemas, la tecnología amplifica su alcance, pero no sustituye su rol.
En definitiva, el ecosistema digital no elimina intermediarios: reafirma su valor como garantes de cercanía, territorialidad y confianza, condiciones indispensables para que los seguros inclusivos funcionen”.
Más adelante, Torres sumó: “El mercado asegurador viene transitando un profundo proceso de transformación digital y, en ese camino, los Productores Asesores de Seguros siguen siendo actores centrales. La clave está en apropiarse de las herramientas tecnológicas, utilizando soluciones de cotización, suscripción y atención al cliente apoyadas en IA, para brindar un servicio más ágil, eficiente y competitivo, sin perder el valor del asesoramiento personalizado.
También es fundamental integrarse a ecosistemas digitales, como multicotizadores, que permitan mostrar distintas opciones de cobertura con información clara para una mejor toma de decisiones, y sumar herramientas de gestión integral de cartera que acompañen al cliente en todo su patrimonio. La tecnología no reemplaza al PAS: lo potencia.
Desde VISRED trabajamos de manera constante en incorporar nuevas tecnologías que integren al PAS con este ecosistema digital. Pero entendemos que esta sigue siendo, ante todo, una profesión basada en relaciones humanas. Por eso, junto con la innovación tecnológica, ponemos un fuerte foco en el acompañamiento y el valor agregado: capacitaciones, charlas, videos, encuentros presenciales y virtuales, comunidades de aprendizaje y múltiples acciones que nos permiten estar cerca de nuestros productores.
Creemos que el verdadero diferencial surge cuando la tecnología se combina con formación, contención y propósito. Así, el PAS no pierde protagonismo: gana herramientas, tiempo de calidad y más impacto en la vida de las personas que confían en él”.
Finalmente, Bruzzese manifestó: “La irrupción de plataformas digitales y modelos de microseguros masivos plantea un cambio profundo en la lógica de distribución. Los microseguros, por definición, son productos simples, de bajo costo y alto volumen, diseñados para operar con márgenes reducidos y economías de escala. En ese esquema, resulta razonable asumir que no constituyen un espacio naturalmente atractivo para el Productor Asesor de Seguros profesional, cuyo valor diferencial está en el análisis, la personalización y la gestión de riesgos.
Lejos de ser una debilidad, este escenario abre una oportunidad de reposicionamiento. La experiencia internacional muestra que, en entornos altamente digitalizados, el rol del intermediario no desaparece, sino que se desplaza hacia funciones de mayor complejidad y valor agregado: análisis integral de riesgos, diseño de soluciones a medida, integración de coberturas y acompañamiento en decisiones patrimoniales relevantes”, aseveró.
Y continuó: “En este sentido, las plataformas digitales y los microseguros cumplen un rol positivo para el sistema en su conjunto: amplían la base de asegurados, reducen barreras de acceso y fomentan la cultura de la previsión en sectores históricamente alejados del seguro. Esa primera experiencia aseguradora, aunque sea básica, genera conciencia, hábito y confianza. Y es allí donde el PAS encuentra una oportunidad indirecta pero estratégica.
A medida que esa masa crítica de personas incorpora el concepto de protección, emergen necesidades más complejas: vida, salud complementaria, retiro, protección patrimonial, pymes. Es en ese estadio donde la tecnología deja de ser suficiente y el asesoramiento profesional se vuelve indispensable. Ninguna plataforma masiva puede reemplazar el juicio técnico, la lectura contextual del riesgo ni la cercanía humana que exige este tipo de decisiones.
El verdadero valor del PAS, entonces, no está en competir en la venta transaccional de microseguros, sino en capitalizar el cambio cultural que estos productos generan, posicionándose como el profesional que acompaña el paso siguiente: de la cobertura básica a la planificación, de la reacción a la previsión.
Desde esta perspectiva, la digitalización y los microseguros no erosionan el protagonismo del PAS, sino que lo redefinen. Liberan al productor de un terreno donde su valor es marginal y lo fortalecen allí donde su experiencia, su formación y su rol social marcan una diferencia real para el asegurado y para la solidez del sistema”, concluyó.