Errores humanos, equipos mal configurados y coberturas mal entendidas explican gran parte de los rechazos en mercadería perecedera. El seguro ya no se limita a indemnizar: interviene para salvar la carga antes de que sea descartada.
En el transporte de productos perecederos el siniestro no siempre llega con un choque ni con una rotura visible. A veces basta un desvío térmico de minutos, una puerta abierta más de lo previsto o un contenedor sin energía en una terminal para convertir toneladas de mercadería en residuo sanitario. Allí aparece una particularidad de este riesgo: la frecuencia suele ser operativa, pero la severidad es absoluta. Por eso, el centro del problema dejó de ser únicamente la cobertura y pasó a ser el control: monitoreo, trazabilidad y comprensión técnica de las pólizas determinan hoy si un evento termina en pérdida total o en daño administrable.
El puntapié inicial lo dio Rodolfo Cacciola, Gerente de Transporte Integrity Seguros, quien comentó sobre los riesgos vinculados al transporte de productos perecederos e identificó aquellos que derivan en siniestros con mayor frecuencia: “En el transporte de bienes perecederos, la frecuencia está ligada a fallas mecánicas del equipo o incorrecto funcionamiento del mismo, y no tanto a la rotura.
La severidad, por su parte, es elevada dado que cualquier desviación de temperatura o accidente de tránsito suele derivar en el rechazo total la mercadería, pudiendo terminar siendo la misma declarada no apta para el consumo humano por el Organismo de Control.
Es aquí donde el Asegurador tiene un rol fundamental a través del análisis y asesoramiento sobre la posibilidad de un eventual reprocesamiento de la mercadería que permita un salvamento por recupero, mitigando la pérdida y transformando una pérdida total en una pérdida gestionable”.
Continuó Laura Costantini, Gerente Comercial del Grupo Assekuransa, y al respecto dijo: “El principal riesgo está vinculado al corte o interrupción de la cadena de frío, ya sea por errores humanos o por fallas técnicas, como un seteo incorrecto de los equipos o la rotura de los mismos durante el trayecto.
Asimismo, las demoras representan un factor crítico, ya que al tratarse de productos con una vida útil generalmente acotada, cualquier alteración en la temperatura impacta directamente sobre su conservación y calidad. De esa forma se incrementa tanto la frecuencia como la severidad de los siniestros”.
Luego intervino Adrian Granillo Posse, Head de Relación Comercial con Clientes y Servicios, de ARM Services, quien afirmó: “La cadena de suministro de productos perecederos tiene sus momentos más críticos en los puntos donde se interrumpe o debilita el control efectivo de la cadena de frío, particularmente cuando el contenedor reefer queda sin suministro eléctrico: tránsitos de conexión, transbordos, esperas en terminales o maniobras intermedias.
A esto se suma un factor no menor: la falta de entendimiento de las coberturas de seguro. En muchos casos, se asume que cualquier desvío térmico está cubierto, cuando en la práctica la variación de temperatura no es lo mismo que la interrupción. Por defecto, la mayoría de las pólizas cubren la paralización del equipo, pero no necesariamente la variación térmica, y esa diferencia —que no siempre es comprendida— genera pérdidas significativas por rechazos no indemnizables.
Desde una mirada técnica, el interés asegurable es el mismo —la integridad de la mercadería—, pero la distinción contractual entre variación e interrupción termina dejando expuestos a muchos operadores”.
Fallas de control
Las fallas de monitoreo y control de temperatura impactan en la determinación de las coberturas. En ese sentido, Cacciola manifestó: “El control y registro de temperatura son los pilares fundamentales de la cobertura. Sin registros confiables, la existencia de cobertura técnica como las responsabilidades se vuelven difusas y ello termina teniendo impacto en el siniestro particularmente en lo referente a la factibilidad de éxito de eventuales acciones de subrogación.
Por eso insistimos, e incluso ya algunos clausulados lo contemplan como carga del Asegurado, en el uso de termógrafos autónomos (data loggers) colocados dentro de la carga, los cuales permiten una trazabilidad independiente a la del transportista y permiten identificar con precisión el momento y la duración de cualquier variación temperatura o interrupción del suministro de frío”.
“El impacto de la falta de control y monitoreo de la temperatura es muy significativo”, acordó Costantini.
Y continuó: “La ausencia de controles adecuados y de una correcta trazabilidad del producto dificulta la identificación del momento en que se produce el daño y, en consecuencia, la determinación de responsabilidades.
Entre las situaciones más habituales se encuentran las aperturas prolongadas de las unidades, el acondicionamiento inadecuado del equipo de frío antes de la carga, y la insuficiente verificación técnica previa. También se observan descuidos durante los procesos de carga y descarga, donde la mercadería queda expuesta a temperaturas extremas.
A esto se suma la falta de planificación en operaciones que atraviesan distintos países y climas, donde los cambios bruscos de temperatura ambiente pueden afectar gravemente al producto. Un ejemplo frecuente es el de cargas que parten de zonas cálidas, como el Caribe, y arriban a Europa durante el invierno. Incluso situaciones como el olvido de bultos en pista o patios de transporte pueden generar daños irreversibles”.
« En el transporte de bienes perecederos, la frecuencia está ligada a fallas mecánicas del equipo o incorrecto funcionamiento del mismo, y no tanto a la rotura»
Rodolfo Cacciola, Gerente de Transporte Integrity Seguros
«El principal riesgo está vinculado al corte o interrupción de la cadena de frío, ya sea por errores humanos o por fallas técnicas»
Laura Costantini, Gerente Comercial del Grupo Assekuransa
«La cadena de suministro de productos perecederos tiene sus momentos más críticos en los puntos donde se interrumpe o debilita el control efectivo de la cadena de frío»
Adrian Granillo Posse, Head de Relación Comercial con Clientes y Servicios, de ARM Service
Calidad en la gestión del riesgo
En la misma línea, Costantini remarcó la importancia de la calidad de embalaje en el contexto de la gestión de riesgo, y apuntó a la capacitación del personal involucrado en la operación logística.
“Resulta clave contar con equipos de transporte adecuados y actualizados. En este sentido, existen nuevas unidades que circulan en plaza y que, por su volumen, capacidad y eficiencia en el mantenimiento de la temperatura de punta a punta, permitirían reemplazar a los enviro containers tradicionales, aportando mayor seguridad al traslado de este tipo de mercaderías”, comentó.
A esto, Granillo Posse sumó: “El enfoque de gestión de riesgos, en términos metodológicos, debería ser el mismo: monitoreo activo, protocolos de reacción inmediata ante desvíos, planificación eficiente de rutas y paradas, auditorías periódicas de los equipos térmicos y formalización de procesos en depósitos intermedios, depósitos fiscales y terminales portuarias.
La diferencia clave está en el margen de tolerancia. En productos perecederos, los desvíos térmicos tienen un impacto rápido e irreversible: lapsos relativamente cortos sin frío adecuado pueden generar pérdida total de la carga. En cadenas de frío menos sensibles existe mayor inercia térmica y capacidad de recuperación, lo que reduce la probabilidad de daño definitivo”, aseguró.
El especialista señaló que para una correcta evaluación de las responsabilidades, la clave está en los aspectos técnicos, los cuales permiten reconstruir el evento con precisión. Entre ellos, recomendó prestar atención a los registros de temperatura y trazabilidad completa, al estado del equipo reefer, la condición de la mercadería al origen, y la identificación clara de quién tenía el control operativo en cada tramo del transporte.
“Estos elementos son los que permiten determinar el origen del desvío, su duración, su impacto real y las responsabilidades asociadas”, afirmó.
Seguidamente intervino Cacciola, quien concluyó: “Bajo nuestro modelo de suscripción, el riesgo no es solamente lo que sucede durante el transporte, sino en la totalidad del mismo. Y eso va desde los transportistas ya fuera por su expertise en el manejo de este tipo de mercaderías sino también por la antigüedad de la medios transportadores asignados a la operación y el mantenimiento preventivo de los equipos de frío, como también los embalajes utilizados y la estiba de las mercaderías.
Sin dudarlo, es el personal correctamente capacitado el que puede advertir una estiba incorrecta o interpretar correctamente una alarma, lo cual sumado a la existencia de un plan de contingencia, pueden salvar la totalidad de una carga o disminuir sustancialmente el daño”.
Incumplimientos operativos
Luego, Cacciola y Granillo Posse se refirieron a los incumplimientos operativos que más se repiten entre transportistas y operadores logísticos. En ese sentido, Cacciola consideró: “Algunos incumplimientos son propiamente exclusiones de cobertura tales como el pre-enfriamiento insuficiente, ya fuera de la mercadería o de las cámaras (semirremolque o contenedor) donde se van a cargar las mismas. Apagado de los equipos, ya fuera para ahorrar combustible o evitar el ruido durante los pernoctes. Y en menor medida mala estiba que impide que el frío circule uniformemente por la totalidad de la misma.
Luego hay otros casos que tienen incidencia en el análisis del siniestro como equipos de frío con mantenimiento preventivo deficiente, la no utilización de data loggers autónomos, y en el caso del uso de los mismos errores en la confección de la documentación al no asentar la existencia de los mismos en los documentos de transporte”.
Por su parte, Granillo Posse delineó: “Las fallas más habituales se concentran en tres grandes áreas. Primero, en equipos de refrigeración, con desperfectos mecánicos, fallas en sensores o sistemas de control del reefer. Luego, errores operativos y humanos, como set points mal programados, desconexiones accidentales, falta de controles durante relevos operativos o períodos de espera. Y por último, en embalaje y estiba. Estos últimos son menos frecuentes, sin embargo una mala circulación de aire dentro del contenedor, sobrecargas o embalajes inadecuados pueden agravar cualquier interrupción térmica y acelerar el deterioro del producto”.
Innovaciones tecnológicas
Ya cerca del cierre, consultamos por las innovaciones tecnológicas que podrían ser más relevantes en la actualidad en orden de reducir las pérdidas.
La primera en tomar la palabra fue Costantini, quien indicó: “Actualmente, los sistemas de monitoreo de temperatura que permiten detectar alternancias durante el viaje son una de las herramientas más relevantes. Estas tecnologías posibilitan identificar desvíos en tiempo oportuno y activar protocolos de acción que ayuden a minimizar las pérdidas, reduciendo el impacto del siniestro”.
Cacciola destacó tres herramientas clave: “Primero, la telemetría en tiempo real, que permite alertas tempranas durante el tránsito y por consiguiente la toma de acciones para mitigar la pérdida. En segundo lugar, la sensorización de las puertas. Esto mejora el control de los tiempos de apertura de las mismas, evitando la pérdida de frío y prevención de robos durante los pernoctes. Y en tercer lugar, el blockchain u otras herramientas que permitan la trazabilidad.
Hoy el riesgo está evolucionando gracias a la tecnología, y parte de nuestra labor es fomentar su adopción e implementación como parte de nuestro trabajo en la mejora de los riesgos de nuestros asegurados”, sostuvo.
En ese sentido, Granillo Posse hizo énfasis en la importancia de la trazabilidad, y aseguró que: “cumple un rol central tanto en la prevención como en la asegurabilidad de la mercadería perecedora. El uso de sensores de temperatura, monitoreo continuo y análisis de datos permite anticipar desvíos, detectarlos en tiempo real y documentarlos de forma objetiva.
En definitiva, transforma un riesgo históricamente difícil de controlar y probar en un riesgo medible, gestionable y auditable, impactando directamente en la reducción de pérdidas y en la viabilidad técnica y económica de las coberturas de seguro”.
Recomendaciones para la prevención
Para finalizar, los ejecutivos brindaron sugerencias destinadas a todos los actores del rubro, con miras a mejorar la prevención y disminuir el nivel de exposición.
La ronda comenzó con Cacciola, quien observó: “En estos riesgos, el asegurador juega un rol de administrador de riesgos por lo cual, entendiendo que se trata de un ‘ecosistema’, nuestras recomendaciones son integrales y las hay para todos los actores del mismo.
A los dadores de carga, asegurarse que la mercadería salga de la cámara, o túnel de frío, a la temperatura correcta.
Para los transportistas, es importante invertir en el mantenimiento de los equipos de frío, capacitación del personal, y armado de planes de contingencia ante la rotura o funcionamiento defectuoso de los equipos de frío instalados en los medios transportadores, así como frente a demoras en el transit-time por eventuales cierres de pasos fronterizos.
A los consignatarios, realizar un control de temperatura de las mercaderías inmediatamente a la descarga para evitar pérdidas de frío por permanencia de las mercaderías fuera de cámara. También recomendamos el recupero y conservación de los data loggers que pudiesen haber sido colocados”.
En este punto tomó la palabra Granillo Posse, quien hizo hincapié en la necesidad de una comprensión profunda y revisión periódica de las coberturas de seguro disponibles. También aconsejó el monitoreo continuo con alarmas activas, la delimitación de protocolos claros para períodos sin energía y mantener una continua capacitación operativa del personal involucrado. A esto agregó asegurar el mantenimiento preventivo y auditoría de equipos reefer, mejorar la documentación y trazabilidad operativa, así como la comunicación temprana y transparente con aseguradores ante cualquier desvío.
Cerró Costantini, quien sugirió: “Para productores y distribuidores, es fundamental contar con personal calificado que realice la inspección correspondiente en origen antes del primer movimiento y de la carga al medio de transporte. En muchos casos, resulta recomendable incluso contratar servicios profesionales externos.
También es clave utilizar un packaging adecuado, brindar instrucciones claras sobre temperatura y manipuleo, y asegurar un correcto etiquetado de la mercadería”.
Y añadió: “El uso de termógrafos descartables, si bien no constituye una herramienta de prevención, resulta de gran utilidad para, al final del proceso, deslindar responsabilidades.
Por su parte, distribuidores y transportistas deben acatar las instrucciones del proveedor, quien posee un conocimiento exhaustivo de la mercadería, y realizar una planificación eficiente de la travesía, buscando recorridos punto a punto. Dependiendo de la ruta, es altamente recomendable que las unidades cuenten con servicios de GPS y/o sistemas de monitoreo”.