En la esquina de Gurruchaga y Pasaje Cabrer se erige Carmen, el restaurante especializado en pastas, fundado por cinco jóvenes amigos amantes de la gastronomía.

En la esquina de Gurruchaga y Pasaje Cabrer se encuentra Carmen, un restaurante y pastificio que logra unir el ritual de la pasta con el sabor inconfundible del fuego. Liderado por el chef Nacho Feibelmann, Carmen se distingue por elaborar sus pastas a la vista y por una propuesta gastronómica en la que las brasas son protagonistas, un diferencial poco explorado en las casas de pastas porteñas.

Desde su fachada se puede apreciar el pastificio a través de amplios ventanales, donde cada día se amasan pastas frescas que luego cobran vida en el salón. El espacio se organiza en distintos ambientes pensados para disfrutar la experiencia de diferentes maneras: un salón principal con ladrillos a la vista y barra de cocina abierta, un deck sobre la vereda, ideal para las noches templadas y, como gran diferencial, un jardín interno rodeado de plantas, luz natural y vegetación, que funciona como un oasis urbano y se convierte en uno de los rincones más buscados del restaurante. Este patio central aporta frescura, intimidad y una atmósfera relajada que invita a quedarse.

Feibelmann, cocinero rosarino que participó en “MasterChef”, siempre estuvo marcado por la comida familiar. En Carmen, retoma esos recuerdos para reinterpretar la tradición con el sello del fuego: batatas, papas y remolachas al rescoldo, hongos ahumados, morrones quemados para la passata, un fagotini relleno de asado cocido cinco horas a baja temperatura con espinillo, y el ojo de bife con la misma técnica lenta y aromática. Así, los clásicos se transforman y adquieren un carácter singular.

Desde su fachada se puede apreciar el pastificio a través de amplios ventanales, donde cada día se amasan pastas frescas que luego cobran vida en el salón

La carta refleja esa impronta. Entre las entradas, destacan el gran Raviolón frito con centro de yema, tomates, mozzarella, pesto y olivas negras, las Croquetas de hongos ahumados con salsa sweet chilli y la última incorporación: los Langostinos a la brasa, con emulsión de limones quemados, alioli y polvo de algas. Las pastas de autor son protagonistas, como la Girandola rellena de batata asada con parmesano, castañas, manteca y menta; los Cappelletti de remolacha al rescoldo con provolone, pangratatto, manteca y lima; el Fagotini de asado con blend de vacío y roastbeef a la brasa, passata de pimientos ahumados y tomates orgánicos, y los Tortelli de hongos al kamado, con ricota, provolone y beurre blanc. El último ingreso a la carta es el plato Cavatelli de mar, una preparación que incluye cavatelli de sémola, bisque de langostinos y vieiras. Entre las opciones tradicionales, figuran el Ojo de bife & gnocchi —ojo de bife al Kamado, Demiglace, gnocchi de papa al rescoldo y azafrán—, el Cacio e pepe con pasta a elección y el Rotolo —espinaca, acelga, ricota y parmesano con Passata—.

Para el final, la propuesta incluye postres como la pavlova con crema, frutas de estación y coulis; el tiramisú de mascarpone, el típico queso y dulce con queso quartirolo, batata o membrillo y frutos secos, y el flan casero con crema o dulce de leche.

El maridaje se resuelve con una carta de vinos que recorre blancos frescos, tintos expresivos, espumantes y etiquetas de gran estructura. Acompañan cócteles clásicos como Negroni, Aperol Spritz y Gin Tonic, además de cerveza y opciones sin alcohol como limonadas y café. El servicio de mesa incluye pan de masa madre y agua, con o sin gas, libre durante toda la experiencia.

Con la combinación de pastas hechas en el día, brasas que imprimen carácter y un ambiente pensado para el disfrute, Carmen se posiciona como un restaurante que honra la tradición y, al mismo tiempo, la reinventa.