Tres líderes de cámaras del sector asegurador coinciden en que Argentina atraviesa un momento de transición con chances reales de crecimiento, pero advierten que sin reformas impositivas, mayor seguridad jurídica y una solución estructural a la litigiosidad, la ventana puede cerrarse antes de abrirse del todo.
Escribe Lic. Aníbal Cejas
El mercado asegurador argentino llega a mediados de 2026 parado en un umbral que no veía desde hace años. La desaceleración de la inflación, la estabilidad cambiaria y una macroeconomía que volvió a permitir pensar en el largo plazo configuran el telón de fondo más alentador en mucho tiempo. Sin embargo, los actores del sector saben que la oportunidad no viene sola: la litigiosidad sigue devorando resultados técnicos, la carga impositiva sigue alta y la penetración del seguro en el PBI argentino sigue siendo notablemente baja respecto de la región.
Para entender dónde está parado el sector y hacia dónde apunta, Informe Operadores de Mercado consultó a tres referentes del sistema: Gustavo Trias, Presidente de la Asociación Argentina de Compañías de Seguros (AACS); Julián García, Director Ejecutivo de Aseguradores del Interior de la República Argentina (ADIRA); y Aldo Álvarez, Presidente de la Asociación de Aseguradores Argentinos (ADEAA). Tres miradas distintas, una misma convicción: el seguro argentino puede crecer, pero necesita reglas.
Un mercado en transición
Consultado sobre cómo evalúa la situación actual del sector, Trias fue directo: “El mercado asegurador argentino atraviesa un momento de transición. Por un lado, se observa una mejora en las variables macroeconómicas y una mayor previsibilidad económica respecto de años anteriores. Por otro lado, subsisten desafíos estructurales que afectan la competitividad del sector, como la elevada litigiosidad, la presión impositiva, los costos regulatorios y la baja penetración del seguro en la economía. Si bien en los números cerrados a marzo 2026 se ve una recuperación en términos de primas con crecimientos por encima de la inflación, todavía los resultados no logran repuntar, a pesar de un buen ajuste de los Gastos de Explotación; el resultado tiene a cero en el mercado total. De todas formas creemos que existe una oportunidad histórica para impulsar reformas que permitan ampliar el acceso al seguro y fortalecer su contribución al desarrollo económico y social.”
En una línea similar, García subrayó las posibilidades que abre el nuevo contexto: “El mercado asegurador se encuentra atravesando una etapa de profunda transición. Las nuevas condiciones macroeconómicas, el proceso de apertura económica y la tendencia hacia una mayor desregulación obligan a todas las compañías a replantear sus estrategias tanto de corto como de largo plazo. Desde ADIRA entendemos que este nuevo contexto invita a recuperar la esencia del negocio asegurador: gestionar adecuadamente el riesgo, ser más eficientes y concentrar los esfuerzos en brindar mejores productos y servicios al asegurado. Al mismo tiempo, observamos un escenario con enormes posibilidades de crecimiento. En un mundo donde aumentan los riesgos climáticos, tecnológicos y económicos, el seguro deja de ser un gasto para convertirse en una herramienta fundamental que permite a las personas, las empresas y las economías continuar desarrollándose frente a la adversidad.”
Por su parte, Álvarez puso el acento en la resiliencia demostrada por las compañías y en los obstáculos que persisten: “El mercado asegurador atraviesa una etapa de transición. Venimos de años marcados por una elevada volatilidad macroeconómica, inflación, distorsiones de precios y escasa previsibilidad financiera. En ese contexto, las compañías demostraron una gran capacidad de adaptación y resiliencia. Hoy observamos señales de mayor estabilidad económica que permiten comenzar a proyectar el mediano plazo y enfocarnos en cuestiones estructurales. Es decir, vamos en la dirección correcta, aunque todavía subsisten desafíos importantes que condicionan el desarrollo pleno de la actividad.”
La agenda regulatoria y el peso de los impuestos
¿Qué cambios concretos esperan en el plano normativo? Trias trazó el horizonte de reformas que reclama la AACS: “Esperamos continuar avanzando hacia una regulación más moderna, basada en principios y orientada a resultados, que promueva la innovación y la competencia. Entre los temas relevantes aparecen la flexibilización de los modelos de aprobación de productos, el desarrollo de nuevas coberturas vinculadas a la tecnología y la movilidad, la revisión de determinadas cargas regulatorias e impositivas, y una agenda de mejora en materia de litigiosidad y eficiencia judicial. También creemos importante avanzar en sistemas de información sectoriales que contribuyan a la prevención del fraude y a una mejor evaluación del riesgo.”
Luego, García amplió el foco hacia la agenda impositiva y el peso de la judicialización: “Creemos que el camino apunta hacia un modelo con menos regulaciones operativas y un mayor énfasis en el control y la supervisión de la solvencia de las entidades. Eso implica otorgar mayor libertad para la gestión empresarial, siempre dentro de un marco de responsabilidad técnica y financiera. También consideramos prioritario avanzar en una agenda impositiva que incentive el desarrollo del mercado. La eliminación de impuestos distorsivos sobre determinados seguros, la promoción del ahorro previsional mediante incentivos fiscales y la revisión de gravámenes que encarecen la contratación de coberturas son medidas que podrían potenciar significativamente la actividad. En paralelo, resulta necesario continuar promoviendo marcos regulatorios que favorezcan nuevos productos, como los seguros paramétricos para el agro o coberturas adaptadas a los cambios tecnológicos y climáticos que hoy enfrenta la economía.”
Álvarez, desde ADEAA, respaldó la sanción de la Ley de Modernización pero pidió más: “Valoramos especialmente la sanción de la Ley de Modernización porque constituye un primer paso en la dirección correcta. Desde ADEAA venimos sosteniendo que la Argentina necesita reglas más simples, previsibles y alineadas con las mejores prácticas internacionales. Sin embargo, es necesario continuar avanzando en un proceso más amplio que abarque, entre otras cuestiones, simplificación regulatoria, reducción de cargas impositivas y fortalecimiento de la seguridad jurídica. El seguro es una actividad de largo plazo y requiere marcos regulatorios estables. Cuanta más previsibilidad exista, mayores serán las posibilidades de inversión, innovación y crecimiento para el sector.”
En materia fiscal, Álvarez fue el más enfático del trío al describir el impacto concreto del esquema tributario sobre la actividad: “La presión fiscal es uno de los principales obstáculos para el desarrollo del mercado asegurador argentino. Desde ADEAA sostenemos que existe una visión equivocada que considera al seguro como una fuente de recaudación, cuando en realidad es una herramienta estratégica para proteger el patrimonio de las personas, promover el ahorro y financiar la economía. Sobre una póliza se acumulan impuestos nacionales, provinciales, municipales y tasas específicas que terminan encareciendo artificialmente el costo de la cobertura. El resultado es contradictorio: cuanto más se grava al seguro, menos personas y empresas pueden acceder a él. Por eso instamos a una revisión integral de la estructura tributaria que afecta a la actividad. No se trata de otorgar privilegios, sino de eliminar distorsiones que castigan a una industria que cumple una función económica y social esencial. Un país con más seguros es un país más protegido, con más ahorro institucional y con mayor capacidad de financiar inversión productiva. Penalizar fiscalmente al seguro conspira contra esos objetivos.”
Trias reforzó ese diagnóstico con ejemplos concretos: “Para que siga penetrando y desarrollándose el Seguro, es fundamental seguir discutiendo la terrible carga fiscal para la mayoría de los productos, impuestos como IVA, Tasa Bomberil Manejo del Fuego, Agencia nacional de seguridad vial, contribuyen negativamente a un mayor desarrollo de la cobertura de la población.”
Desregulación: ¿más competencia o más concentración?
El debate sobre una eventual desregulación del sector es uno de los más candentes del mercado. Trias eligió mirar la experiencia comparada para salir del falso dilema: “La experiencia internacional muestra que una regulación más moderna no necesariamente conduce a una mayor concentración. Por el contrario, cuando las reglas promueven la innovación y reducen barreras innecesarias, suelen generar más oportunidades para que distintos actores desarrollen propuestas de valor diferenciadas. El objetivo debería ser construir un marco que fomente la competencia en beneficio de los asegurados, preservando al mismo tiempo adecuados estándares de solvencia y protección al consumidor.”
García puso el foco en lo que él llama “calidad del mercado” antes que en la mera cantidad de actores: “Toda apertura genera un proceso de adaptación y probablemente una competencia más intensa. Sin embargo, no creemos que la discusión deba centrarse únicamente en la cantidad de actores, sino en la calidad del mercado que se construya. Las compañías que logren combinar solvencia, eficiencia operativa, cercanía con el asegurado y capacidad de innovación serán las que encuentren mayores oportunidades de crecimiento. Las aseguradoras del interior cuentan con una fortaleza diferencial: el conocimiento profundo de las economías regionales, una relación histórica con sus comunidades y una red de Productores Asesores de Seguros que constituye un activo estratégico difícil de reemplazar. La competencia siempre es positiva cuando contribuye a elevar la calidad del servicio y ampliar el acceso al seguro.”
Sobre la llegada de nuevos jugadores internacionales, Trias reconoció el potencial pero marcó condiciones: “La apertura económica puede generar un mayor interés de inversores y operadores internacionales por el mercado argentino. Argentina cuenta con un enorme potencial de crecimiento debido a su baja penetración aseguradora en comparación con otros países de la región y del mundo. La llegada de nuevos actores puede aportar capital, tecnología, conocimiento técnico y nuevas prácticas de gestión. Sin embargo, para que ello ocurra de manera sostenida resulta fundamental consolidar un marco macroeconómico estable y reglas de juego previsibles.”
García, en tanto, reivindicó las ventajas competitivas de las aseguradoras locales frente a esa eventual competencia externa: “La apertura puede despertar el interés de operadores internacionales, especialmente si Argentina consolida un proceso de estabilidad económica y previsibilidad jurídica. Sin embargo, el mercado asegurador argentino posee características particulares que requieren conocimiento del territorio, comprensión de las economías regionales y una fuerte capacidad de adaptación a riesgos locales. Por eso entendemos que la llegada de nuevos jugadores debe interpretarse como una oportunidad para incorporar nuevas tecnologías, productos y experiencias internacionales que enriquezcan al sector, siempre dentro de un marco competitivo equilibrado. Las compañías nacionales tienen una trayectoria, un conocimiento técnico y una presencia territorial que representan una ventaja competitiva muy importante para seguir liderando el desarrollo del mercado.”
Y Álvarez completó el cuadro desde la óptica de la competencia y la innovación: “La previsibilidad económica y la normalización de las condiciones de funcionamiento de los mercados son factores que siempre resultan positivos para la inversión. Argentina tiene un enorme potencial de crecimiento en materia aseguradora. La penetración del seguro todavía se encuentra por debajo de la observada en mercados más desarrollados, por lo que existe espacio para la expansión tanto de operadores locales como internacionales. La llegada de nuevos jugadores puede contribuir a incrementar la competencia, incorporar tecnología, generar innovación y ampliar la oferta de productos para los asegurados.”
El rol de la Superintendencia
Los tres coincidieron en valorar la función del organismo regulador, aunque cada uno subrayó matices distintos. Trias planteó la necesidad de una supervisión más moderna y basada en datos: “La Superintendencia cumple una función esencial para garantizar la solvencia del sistema y la protección de los asegurados. Entendemos que el desafío actual consiste en evolucionar hacia un modelo de supervisión cada vez más moderno, apoyado en datos, tecnología y control basado en riesgos. El regulador tiene un papel clave para acompañar los procesos de innovación, promover mercados más competitivos y generar condiciones que favorezcan el crecimiento sostenible de la actividad aseguradora.”
Luego, García agregó el concepto de equilibrio entre libertad de gestión y control eficiente: “La Superintendencia cumple un rol esencial para garantizar la estabilidad y la transparencia del sistema. Desde nuestra visión, la evolución del organismo hacia un esquema de menor regulación administrativa y mayor supervisión técnica puede generar un mercado más dinámico, siempre que preserve adecuadamente los estándares de solvencia y protección de los asegurados. El desafío consiste en construir un equilibrio entre libertad de gestión y control eficiente, fortaleciendo la confianza en el sistema asegurador y promoviendo reglas claras, previsibles y estables para todos los actores. Un mercado sólido necesita compañías sólidas, pero también un organismo de control moderno, profesional y enfocado en garantizar el correcto funcionamiento del sistema.”
Álvarez, por su parte, valoró la “revolución de los seguros” anunciada desde la SSN: “La Superintendencia cumple una función central para garantizar la solvencia del sistema y proteger a los asegurados. Entendemos que el organismo está obrando bien y debe continuar fortaleciendo su rol técnico e institucional, promoviendo reglas claras, previsibilidad regulatoria y mecanismos de supervisión modernos que acompañen la evolución del mercado y que permitan ‘la revolución de los seguros’ que se anuncia desde la SSN.”
Gustavo Trias, Presidente de la Asociación Argentina de Compañías de Seguros (AACS)
«Se observa una mejora en las variables macroeconómicas y una mayor previsibilidad económica respecto de años anteriores»
Julián García, Director Ejecutivo de Aseguradores del Interior de la República Argentina (ADIRA)
«Desde ADIRA entendemos que este nuevo contexto invita a recuperar la esencia del negocio asegurador»
Aldo Álvarez, Presidente de la Asociación de Aseguradores Argentinos (ADEAA)
«Venimos de años marcados por una elevada volatilidad macroeconómica, inflación, distorsiones de precios y escasa previsibilidad financiera»
La industria del juicio: el problema sin resolver
El capítulo de la litigiosidad fue, quizás, el más contundente de las tres conversaciones. García describió el fenómeno con precisión quirúrgica, destacando el caso santafecino como referencia: “Existe una preocupación relevante vinculada con la creciente judicialización de determinados aspectos de la actividad aseguradora, particularmente en materia de riesgos del trabajo. La experiencia reciente de la provincia de Santa Fe constituye un caso de especial interés. Allí se impulsaron reformas orientadas a fortalecer la instancia administrativa previa, promover la intervención de organismos técnicos especializados y reducir los niveles de litigiosidad que se habían alejado del espíritu de la legislación nacional y de los criterios ratificados por la propia Corte Suprema de Justicia de Santa Fe. Entendemos que avanzar hacia esquemas que aporten mayor seguridad jurídica, previsibilidad y celeridad en la resolución de los conflictos resulta fundamental para la sustentabilidad del sistema, la protección de los trabajadores y el normal desarrollo de la actividad aseguradora.
En definitiva, los cambios regulatorios que esperamos deben apuntar a generar un entorno más eficiente, competitivo y previsible, donde el seguro pueda cumplir plenamente su función social y económica de protección y desarrollo.”
Álvarez fue el más categórico al denunciar los incentivos perversos del sistema y extender el diagnóstico más allá del ramo de Riesgos del Trabajo: “La litigiosidad es hoy uno de los principales factores que explican el encarecimiento del seguro en la Argentina. Y es importante decirlo con claridad: la litigiosidad es consecuencia de un sistema que genera incentivos perversos para litigar. En nuestro país, muchas veces iniciar un juicio no tiene costos relevantes para quien lo promueve, mientras que los mecanismos de actualización, los intereses, ciertos criterios jurisprudenciales y los esquemas de honorarios terminan generando expectativas económicas que exceden ampliamente la reparación del daño. El resultado es una creciente judicialización que afecta la sustentabilidad del sistema. Hay que recuperar un principio básico: los jueces deben aplicar la ley y respetar los contratos. Cuando las decisiones se apartan de las normas vigentes o se vuelven imprevisibles, se genera una enorme incertidumbre para toda la actividad económica. El seguro, por definición, necesita previsibilidad para poder medir riesgos y fijar precios. El problema ya no afecta únicamente a una rama determinada. Lo vemos en Riesgos del Trabajo, pero también en seguros patrimoniales, responsabilidad civil y otras coberturas. Se ha consolidado una verdadera industria de la litigiosidad cuyos costos terminan pagando millones de asegurados que nada tienen que ver con esos procesos.”
Y agregó: “A esto se suma el fraude, otro fenómeno que genera costos ocultos para todo el sistema. Cada siniestro fraudulento, cada reclamo inexistente y cada maniobra organizada termina impactando sobre las primas que pagan quienes sí actúan de buena fe. Por eso creemos que la solución requiere una estrategia integral: combatir el fraude, eliminar los incentivos económicos que fomentan la judicialización innecesaria, fortalecer la seguridad jurídica y promover criterios uniformes que permitan devolver previsibilidad al sistema. En esa línea, convencidos del rol protagónico que cada actor debe tener en este compromiso, desde ADEAA hemos firmado, recientemente, una serie de acuerdos de cooperación, capacitación e intercambio tecnológico con el Ministerio Público Fiscal de la provincia de Buenos Aires con el objetivo de mejorar las investigaciones judiciales y la prevención del delito en el seguro.”
Agrandar la torta: la gran apuesta
Los tres referentes convergieron en un punto central: la Argentina tiene un enorme espacio para crecer en penetración aseguradora, y el contexto actual es el más propicio en años para intentarlo. Trias lo expresó con claridad: “Existe una relación directa entre estabilidad económica, crecimiento y desarrollo del seguro. Cuando las familias y las empresas pueden planificar a largo plazo, aumenta la demanda de protección, ahorro e inversión. Además, una economía más estable facilita el desarrollo de coberturas de largo plazo, seguros de vida, retiro, salud y productos vinculados a la inversión. El seguro no solo acompaña el crecimiento económico; también lo potencia, porque permite asumir riesgos, proteger patrimonios y canalizar ahorro hacia inversiones productivas.”
Álvarez aportó el dato duro que ilustra el déficit de cobertura: “Argentina tiene una penetración aseguradora cercana al 3,5% del PBI, mientras que en economías más desarrolladas ese porcentaje prácticamente se duplica. Existe, por lo tanto, una oportunidad significativa de crecimiento. Un mercado asegurador más profundo no solo protege mejor a individuos y empresas, sino que también canaliza ahorro hacia la economía formal, amplía la capacidad de financiamiento y contribuye al desarrollo productivo del país.”
García cerró con una visión que puso en el centro a los Productores Asesores de Seguros como piezas clave de cualquier estrategia de expansión: “Somos optimistas. Si el país logra consolidar un escenario de estabilidad monetaria, crecimiento económico y previsibilidad institucional, la penetración del seguro tiene un enorme potencial de expansión. Argentina presenta todavía importantes espacios sin cobertura, tanto en seguros patrimoniales como en seguros de vida, retiro, agropecuarios y nuevas coberturas vinculadas a riesgos emergentes. Existe una oportunidad concreta de crecimiento que no requiere inventar nuevos mercados, sino desarrollar con mayor profundidad aquellos segmentos de la población y de la actividad económica que hoy se encuentran insuficientemente asegurados.
Para que eso ocurra será fundamental el trabajo articulado de todos los actores del ecosistema asegurador. Las compañías aseguradoras tienen la responsabilidad de diseñar productos cada vez más accesibles, innovadores y adaptados a las necesidades reales de las personas, las empresas y las economías regionales. Los organismos reguladores, por su parte, deben contribuir a generar reglas claras, estabilidad jurídica y marcos normativos que promuevan el crecimiento y la competencia saludable. Asimismo, los gobiernos provinciales y nacionales pueden desempeñar un papel clave impulsando programas que amplíen la cobertura de riesgos estratégicos, como ocurre en algunas experiencias vinculadas al sector agropecuario”.
Y añadió: “Los Productores Asesores de Seguros ocupan un lugar de relevancia. Desde ADIRA sostenemos que el PAS no es simplemente un intermediario comercial, sino un verdadero eslabón estratégico del mercado asegurador. Son quienes mantienen el vínculo cotidiano con los asegurados, conocen las particularidades de cada comunidad y tienen la capacidad de traducir riesgos complejos en soluciones concretas para las personas y las empresas.”
Y completó con una frase que funciona casi como síntesis del espíritu del debate: “El seguro no solo protege patrimonios; también genera ahorro de largo plazo, financia inversiones y aporta estabilidad al conjunto de la economía. En un contexto de crecimiento, puede convertirse en uno de los motores silenciosos del desarrollo argentino, contribuyendo a que familias, emprendedores y empresas puedan asumir desafíos con mayor previsibilidad.”