La baja penetración del seguro en Argentina es atribuida a factores económicos, culturales y estructurales, que se combinan para mantener amplios segmentos de la población al margen de la cobertura. Cuatro referentes del mercado analizaron el problema y compartieron sus perspectivas sobre microseguros, tecnología y confianza institucional.

 Escribe Lic. Aníbal Cejas

La penetración del seguro medida como porcentaje del PBI, según la Memoria Anual 2025 de la SSN, alcanzó el 2,73% incluyendo seguros y reaseguros locales. Ese nivel en 2024 fue de 3,68%. Está claro que en esta ecuación, la variación del tipo de cambio tiene una fuerte influencia.

Por su parte, MAPFRE Economics ubicó a la región en 3,2% promedio. Y señaló que Chile es el líder de la región, con una penetración de 4,6%, aunque en este caso hay que considerar que incluye el fuerte componente previsional y de rentas vitalicias asociado al sistema AFP.

Todo ello indica que hay un largo camino por recorrer, para incrementar dicha participación en la Argentina.

Al respecto, Andrés Quantin, nuevo CEO de Experta ART y Experta Seguros, afirmó: “Las principales barreras combinan factores económicos y de acceso. Por un lado, la restricción de ingresos y la alta informalidad limitan la capacidad de pago y priorizan consumos inmediatos. Por otro lado, persiste una oferta poco adaptada a las necesidades concretas de algunos segmentos, con productos complejos y canales de distribución tradicionales que no siempre logran llegar con claridad y cercanía. A esto se suma una baja percepción del riesgo asegurado.”

A continuación, Mauricio Bustos, Gerente Comercial de BBVA Seguros, señaló: “Las principales barreras pueden agruparse en dos grandes dimensiones: económicas y culturales. Por un lado, existen factores estructurales vinculados a la inestabilidad macroeconómica, la volatilidad inflacionaria y el limitado crecimiento sostenido del ingreso per cápita. En particular, en los seguros de personas —como Vida o Retiro—, el desarrollo del mercado requiere previsibilidad económica e incentivos fiscales concretos que fomenten el ahorro y la protección de largo plazo. Por otro lado, persiste una baja conciencia aseguradora. En amplios sectores de la población todavía no existe una cultura consolidada de prevención y protección patrimonial. En este sentido, es fundamental impulsar acciones de educación financiera y aseguradora desde etapas tempranas, incorporando espacios de formación que permitan comprender mejor los riesgos y el valor de estar protegidos.”

Luego, José García, Miembro de la Alta Gerencia de La Perseverancia Seguros, explicó: “Consideramos que hoy la baja penetración del seguro responde a una combinación de factores. Por un lado, hay una barrera económica: en contextos de pérdida de poder adquisitivo, muchas familias y pequeñas empresas priorizan gastos inmediatos y postergan decisiones vinculadas a la prevención. El seguro, muchas veces se percibe como un costo y no como una herramienta de protección patrimonial. Pero también existe una barrera de conocimiento. Una parte importante de la población no tiene del todo claro qué cubre un seguro, cómo funciona, qué beneficios concretos aporta o qué consecuencias puede tener no contar con una cobertura adecuada. En ese sentido, el desafío no es solamente vender más pólizas, sino explicar mejor el valor del seguro. A eso se suma una cuestión de accesibilidad. Muchas veces los productos tradicionales no están diseñados para todos los segmentos, ya sea por precio, lenguaje, canales de contratación o modalidades de pago. Si queremos ampliar la penetración, el mercado asegurador tiene que trabajar en propuestas más simples, más flexibles y más cercanas a las necesidades reales de las personas.”

En tanto, Eugenio Muerza, Director Comercial de ATM Seguros, sostuvo: “Hoy la principal barrera es la económica. Existe una fuerte sensibilidad al precio y muchas personas priorizan gastos inmediatos antes que la contratación de un seguro, especialmente en contextos de pérdida de poder adquisitivo e inestabilidad económica. Pero también hay una barrera vinculada al desconocimiento sobre el valor real del seguro. Muchas veces se lo percibe únicamente como una obligación o un gasto y no como una herramienta de protección financiera y previsión. A eso se suma un problema estructural del mercado: la dificultad para sostener la continuidad de las pólizas. La incobrabilidad y la rotación constante de clientes son hoy uno de los grandes desafíos de la industria.” 

Cultura y economía: dos factores que se retroalimentan
Sobre estos temas, Quantin indicó: “Ambos factores son relevantes y se retroalimentan. Las limitaciones económicas explican gran parte de la no contratación, pero los factores culturales —como el desconocimiento, la falta de hábito asegurador, la percepción de lejanía del producto en la que juega un factor muy importante la comunicación con un lenguaje muy técnico de difícil comprensión para la población— también tienen un peso significativo. Incluso en segmentos con capacidad económica, la falta de conciencia sobre la protección financiera reduce la demanda”.

Más adelante, Bustos destacó: “Ambos factores tienen un peso determinante y actúan de manera complementaria. Los factores económicos son la condición básica para el crecimiento del sector: sin estabilidad y sin mejora del poder adquisitivo, resulta difícil que las personas prioricen la contratación de coberturas. Sin embargo, aun cuando existen productos accesibles y adaptados a distintos segmentos, los factores culturales siguen siendo decisivos. La percepción del seguro como una inversión en protección y tranquilidad todavía presenta desafíos. Por eso, además de desarrollar propuestas de valor adecuadas, es necesario fortalecer la educación y la concientización sobre la importancia del seguro en la vida cotidiana”.

Por su parte, Muerza señaló: “Ambos factores tienen un peso importante y se retroalimentan. En un contexto económico complejo, el precio se vuelve determinante, pero también existe una cuestión cultural relacionada con la baja percepción del riesgo y la escasa cultura aseguradora. En muchos casos, las personas recién toman conciencia de la importancia de estar aseguradas después de atravesar un siniestro. Por eso, además de ofrecer productos accesibles, el sector tiene el desafío de trabajar en educación y concientización. Hoy el cliente es mucho más racional y selectivo: busca equilibrar costo y protección, priorizando alternativas que se adapten a sus posibilidades reales”.

Luego, García sostuvo: “Los factores económicos tienen un peso importante; cuando el ingreso disponible se reduce, el seguro puede quedar relegado frente a gastos considerados más urgentes. Sin embargo, es un error pensar que la decisión de no contratar seguros se explica únicamente por esa razón. Hay un componente cultural muy fuerte. En muchos casos todavía predomina una mirada reactiva: se piensa en el seguro recién cuando ocurre un siniestro o cuando existe una obligación legal, como sucede con el seguro automotor. Falta una cultura de prevención más instalada, donde el seguro sea visto como parte de una planificación responsable y no como un gasto accesorio. También influye cierta distancia entre el lenguaje técnico del sector y la forma en que las personas toman decisiones cotidianas. Si el seguro se comunica de manera compleja, lejana o excesivamente contractual, se vuelve difícil generar interés y confianza. Por eso, desde las compañías tenemos la responsabilidad de simplificar, educar y acercarnos más al cliente”.

Los aprendizajes de los microseguros en Argentina y la región
¿Qué se puede aprender de las experiencias vinculadas a los microseguros? Quantin respondió: “Las experiencias de microseguros demostraron que la clave está en la simplicidad, la transparencia y la adecuación al contexto del cliente. Productos claros, de fácil contratación y pago flexible tienden a tener mejor aceptación. También evidenciaron la importancia de alianzas con actores cercanos a las comunidades (fintech, cooperativas, retailers) y de procesos de atención y siniestros ágiles que generen confianza”.

Acto seguido, Bustos señaló: “Las experiencias de microseguros dejaron una enseñanza muy clara: el éxito depende de diseñar productos desde la necesidad real del cliente y no únicamente desde la lógica de la oferta. En ese sentido, uno de los principales aprendizajes fue la importancia de la simplicidad. Los productos deben ser fáciles de entender, contratar y utilizar, con procesos transparentes y ágiles, especialmente al momento del siniestro. Además, quedó demostrado que el cliente valora aquellas coberturas que incorporan beneficios adicionales o servicios complementarios, ya que eso aumenta la percepción de valor y fortalece el vínculo con el seguro”.

Después, Muerza explicó: “Las experiencias de microseguros dejaron como principal aprendizaje que existe una demanda concreta de cobertura en segmentos históricamente poco atendidos, siempre que las propuestas sean simples, claras y accesibles. También demostraron que la cercanía, la facilidad de contratación y la claridad en la comunicación son factores centrales para lograr penetración. En mercados de la región donde los microseguros tuvieron mayor desarrollo, la tecnología y la distribución digital ayudaron a reducir costos operativos y acercar soluciones a públicos que antes estaban fuera del sistema asegurador tradicional.”

Y García indicó: “Las experiencias de microseguros dejaron aprendizajes muy valiosos. El primero es que sí existe demanda por soluciones de protección en sectores de menores ingresos o en segmentos tradicionalmente no alcanzados, pero esas soluciones tienen que estar diseñadas desde otra lógica. El microseguro requiere simplicidad, bajo costo, facilidad de contratación, pagos accesibles y una experiencia de uso muy clara. El cliente tiene que entender rápidamente qué está contratando, cuánto paga, qué cubre y cómo cobrar en caso de siniestro. La confianza se construye mucho en ese momento: si la respuesta ante el siniestro es ágil y transparente, el seguro gana legitimidad.”

«La restricción de ingresos y la alta informalidad limitan la capacidad de pago y priorizan consumos inmediatos»

Andrés Quantin, CEO de Experta ART y Experta Seguros

« Las principales barreras pueden agruparse en dos grandes dimensiones: económicas y culturales»

Mauricio Bustos, Gerente Comercial de BBVA Seguros

El rol de la tecnología para llegar a nuevos segmentos
También indagamos sobre las posibilidades de los nuevos recursos tecnológicos para ampliar el acceso al seguro. Sobre el particular, Quantin destacó: “Las nuevas tecnologías son un habilitador central. La digitalización simplifica la contratación, reduce costos y permite diseñar productos más personalizados y accesibles. Herramientas como la analítica de datos, la inteligencia artificial y los canales móviles facilitan la llegada a segmentos históricamente subatendidos, mejorando la experiencia del usuario y ampliando la base asegurada.”

En tanto, García señaló: “Las nuevas tecnologías pueden cumplir un rol decisivo, siempre que estén al servicio de la inclusión y no solamente de la eficiencia operativa. La tecnología permite reducir costos, simplificar procesos, personalizar ofertas y llegar a públicos que quizás no se acercarían a un canal tradicional. Por ejemplo, los canales digitales, las billeteras virtuales, la emisión online, la firma digital, la inteligencia artificial y el análisis de datos pueden ayudar a diseñar productos más adecuados, con contratación más simple y respuestas más rápidas. También permiten mejorar la comunicación con el asegurado, recordarle vencimientos, explicarle coberturas o acompañarlo durante un siniestro. Ahora bien, la tecnología por sí sola no alcanza. En seguros, la confianza sigue siendo central. Por eso creemos que el camino es combinar herramientas digitales con asesoramiento humano. El productor asesor de seguros, bien integrado a la tecnología, puede ser un puente fundamental para acercar el seguro a nuevos segmentos, explicando, acompañando y generando vínculos de largo plazo”.

Por su parte, Bustos sostuvo: “La tecnología tiene un rol central para ampliar el acceso al seguro y llegar a segmentos históricamente menos atendidos. Las redes sociales y los canales digitales permiten generar cercanía, masividad y nuevas formas de interacción con públicos que antes estaban fuera del radar tradicional de la industria. A su vez, herramientas basadas en Inteligencia Artificial están mejorando significativamente la experiencia del cliente, desde la atención y el asesoramiento hasta la gestión de siniestros. En paralelo, las insurtechs vienen aportando innovación en procesos clave, simplificando el entendimiento de las pólizas y agilizando operaciones que históricamente resultaban complejas o burocráticas. Todo esto debe darse en un marco colaborativo con la intermediación profesional, donde el asesoramiento humano siga siendo un diferencial fundamental.”

Luego, Muerza afirmó: “La tecnología tiene un rol clave para ampliar el acceso al seguro. Hoy permite simplificar procesos, reducir tiempos, facilitar la contratación y generar productos más flexibles y adaptados a cada usuario. Además, las herramientas digitales ayudan a llegar a nuevos segmentos, especialmente jóvenes y trabajadores independientes que manejan gran parte de su vida cotidiana desde el celular. En el caso del mercado de motos, por ejemplo, la digitalización permitió acompañar el crecimiento de usuarios que utilizan el vehículo como herramienta de trabajo y necesitan soluciones ágiles y accesibles.”

«Consideramos que hoy la baja penetración del seguro responde a una combinación de factores»

José García, Miembro de la Alta Gerencia de La Perseverancia Seguros

«La incobrabilidad y la rotación constante de clientes son hoy uno de los grandes desafíos de la industria»

Eugenio Muerza, Director Comercial de ATM Seguros

El desafío de la confianza estructural en el sector
Para finalizar, abordamos el tema de la reputación del sector.

Sobre este tema, Bustos explicó: “El sector asegurador enfrenta el desafío de fortalecer la confianza, en parte debido a la complejidad histórica de sus productos y procesos. Para revertir esta situación, es fundamental avanzar hacia una mayor transparencia y simplicidad operativa. Esto implica contratos más claros, procesos de siniestros ágiles y una experiencia centrada verdaderamente en el cliente. La tecnología cumple un papel clave en este proceso, permitiendo desarrollar modelos de atención más rápidos, simples y sin fricciones, especialmente en los momentos donde el cliente más necesita respuestas concretas. Al mismo tiempo, el rol del Productor Asesor de Seguros sigue siendo esencial. El asesoramiento personalizado, la cercanía y la capacidad de construir una relación de confianza representan un diferencial humano que continúa siendo central para el desarrollo de la industria.”

Después, Quantin aseveró: “Existe, en algunos segmentos, una percepción de desconfianza vinculada principalmente a la experiencia en el momento del siniestro. La confianza se construye con consistencia: claridad en la propuesta, cumplimiento efectivo de las coberturas, procesos simples y tiempos de respuesta adecuados. La comunicación transparente y la educación aseguradora también son fundamentales para fortalecer el vínculo con los clientes”.

A su turno, Muerza explicó: “Existe un desafío estructural vinculado a la confianza en la industria aseguradora, y muchas veces tiene que ver con la diferencia entre la expectativa que tiene el asegurado y el alcance real de la cobertura contratada. Ese desfasaje suele hacerse visible en el momento más sensible de la relación: cuando ocurre un siniestro y hay que determinar el daño, la prestación o el alcance de la indemnización. En gran parte, esto sucede porque el seguro sigue siendo un producto técnicamente complejo. Muchas veces el asegurado no conoce en profundidad los riesgos cubiertos, las exclusiones, los límites o la medida de la prestación, y eso puede generar experiencias muy diferentes ante una misma situación. Por eso creemos que la confianza se construye principalmente desde tres lugares: información clara, educación aseguradora y asesoramiento profesional. El asegurado necesita comprender que el seguro es una herramienta de previsión y transferencia de riesgos, y para eso el rol del Productor Asesor de Seguros es fundamental. Cuando las expectativas están correctamente alineadas con la cobertura efectivamente contratada, mejora la experiencia, se fortalece la transparencia y crece la confianza en todo el sistema asegurador. La tecnología ayuda al crecimiento del sector, pero la claridad y el asesoramiento siguen siendo irremplazables en la construcción de confianza”.

Más adelante, García sostuvo: “Existe un desafío de confianza hacia muchas instituciones en general. En el caso del seguro, esa confianza se pone a prueba especialmente en el momento del siniestro. El cliente puede haber pagado durante años, pero su percepción de la compañía se define muchas veces por cómo se lo atiende cuando realmente necesita una respuesta. Para revertir ese problema, el sector debe trabajar sobre tres ejes: transparencia, cumplimiento y cercanía. Transparencia para que el asegurado entienda qué está contratando y cuáles son los alcances reales de su cobertura. Cumplimiento para responder de manera clara, rápida y justa cuando ocurre un siniestro. Y cercanía para no aparecer solamente al momento de cobrar una prima o resolver un reclamo. También es fundamental comunicar mejor el rol social y económico del seguro. Las aseguradoras no solo venden pólizas; administran riesgos, protegen patrimonios, permiten que familias y empresas se recuperen ante imprevistos y contribuyen a la estabilidad económica. Cuando ese valor se vuelve visible, la relación con el asegurado cambia. En La Perseverancia Seguros creemos que la confianza se construye todos los días, con solvencia, trayectoria, atención responsable y una mirada de largo plazo. No se revierte con una campaña puntual, sino con coherencia sostenida entre lo que la compañía promete y su cumplimiento”.