Tres Risk Managers analizan las brechas entre la cobertura disponible y los riesgos reales, los criterios para elegir aseguradora, la respuesta ante siniestros complejos y los desafíos que plantean el cyber riesgo, el cambio climático y la inteligencia artificial.

Escribe: Lic. Aníbal Cejas

La complejidad de los riesgos corporativos crece más rápido que la oferta tradicional del mercado asegurador. Cadenas de abastecimiento globales, procesos digitalizados, exposición climática y nuevas tecnologías obligan a las empresas a repensar cómo transfieren sus riesgos, mientras conviven con productos que, en muchos casos, todavía están pensados en compartimentos estancos. Para conocer la mirada de quienes gestionan estos riesgos puertas adentro de las compañías, consultamos a tres referentes: Bárbara Carrizo, directora de Seguros y Riesgos Corporativos y DPO de Arcos Dorados; Fernanda Navarro, Risk Manager y cofundadora de IRMA – Insurance & Risk Management Association; y Marcelo Crespo, gerente de Auditoría, OyM y Seguros de Mastellone Hnos. S.A.
Carrizo abrió el análisis con una mirada abarcadora: “La propuesta del mercado asegurador todavía está evolucionando más lento que la realidad de los riesgos corporativos. Las empresas que operamos en múltiples países, con cadenas de abastecimiento regionales, procesos cada vez más digitalizados y exposición simultánea a riesgos climáticos, sociales, políticos, tecnológicos y regulatorios, necesitamos soluciones más integradas, dinámicas y adaptables. Gran parte de la oferta sigue estructurada sobre líneas tradicionales: property, liability, cyber, D&O, transporte. Esa lógica sirve para ordenar técnicamente el riesgo, pero no siempre refleja cómo se materializan las pérdidas en la operación real. Hoy los eventos no respetan las fronteras entre ramos: un incidente cyber puede generar interrupción operativa; un evento climático puede afectar ventas sin destruir activos propios; un conflicto social puede cerrar locales, impedir accesos o afectar la cadena logística sin configurar necesariamente un daño material directo. Ese es el gran desafío: el riesgo corporativo se volvió interdependiente, pero muchas coberturas siguen pensadas como compartimentos estancos. Un ejemplo claro es la frontera entre property y cyber. Tradicionalmente, las pólizas patrimoniales tendieron a excluir o limitar eventos cyber, mientras que muchas pólizas cyber no cubren completamente consecuencias físicas, daño a infraestructura o ciertas pérdidas operativas derivadas de procesos automatizados.
El mercado necesita evolucionar para acompañar la forma real en que hoy se generan las pérdidas. En algunos mercados internacionales se observa mayor desarrollo de textos híbridos y atención de necesidades específicas con soluciones paramétricas, estructuras multicapa y cautivas que permiten el desarrollo de coberturas tailor made. Las grandes empresas con acceso a estos mercados pueden empujar algún grado de innovación, pero la oferta del mercado local todavía es muy rígida y estandarizada. La volatilidad del contexto internacional y entornos cada vez más complejos nos enfrentan a riesgos convergentes que exigen respuestas integradas.”
En sintonía con esa lectura, Navarro coincidió: “Desde la perspectiva de la gestión de riesgos, el mercado asegurador en Argentina muestra solidez en sus coberturas tradicionales, pero aún enfrenta el desafío de evolucionar al ritmo de la complejidad que presentan hoy las organizaciones. Las empresas operan en entornos cada vez más dinámicos, con riesgos interconectados, mientras que la oferta sigue siendo, en gran medida, estructurada sobre esquemas tradicionales. Esto genera un espacio de mejora en términos de diseño de soluciones más flexibles, integradas y verdaderamente alineadas al perfil de riesgo de cada industria.”
Por su parte, Crespo fue más conciso: “Creo que el mercado está siempre atento a la búsqueda de soluciones para las necesidades, no siempre puede anticiparse, sí, ir aprendiendo sobre la marcha y la experiencia acumulada.”

Brecha de cobertura
Consultada sobre las principales brechas de cobertura, Carrizo explicó: “Las brechas más relevantes aparecen precisamente donde el riesgo es más difícil de probar, modelizar o atribuir a una causa única. Me refiero especialmente a la interrupción del negocio sin daño material, la disrupción de cadenas de abastecimiento, los eventos tecnológicos, los riesgos cyber con consecuencias operativas o físicas, los disturbios sociales, los cambios regulatorios repentinos y ciertos eventos climáticos que generan impacto económico aunque no exista destrucción directa de activos asegurados. En seguros tradicionales, la cobertura de pérdida de beneficio suele depender de un daño material cubierto. Pero la realidad operativa de una compañía regional muestra muchos escenarios en los que se puede perder venta, continuidad, reputación o servicio sin que necesariamente exista daño físico propio. Por ejemplo: cierre preventivo por disturbios sociales, imposibilidad de operar por falta de servicios críticos, interrupción de proveedores, restricciones de acceso, falla tecnológica relevante.
También aparece una brecha importante en cyber. El mercado avanzó mucho en coberturas de respuesta a incidentes, responsabilidad por privacidad, defensa, ransomware y ciertos gastos de crisis. Pero el riesgo cyber ya no es solamente robo de datos o indisponibilidad de sistemas: puede afectar procesos físicos, equipos, operación de terceros, logística, pagos, atención al cliente y continuidad de ingresos. La mayoría de las coberturas tienen exclusiones para reducir exposiciones cyber silenciosas, lo que puede generar gaps relevantes para incendio, explosión o inundaciones causadas por eventos cyber causados por equipamiento o infraestructura soportada o monitoreada tecnológicamente. El cyber tradicional no cubre típicamente daño físico, bodily injury o ciertos ingresos perdidos por eventos cyber con consecuencia física. El Business Interruption está dentro de los principales riesgos globales. En supply chain ocurre algo similar. La interrupción puede estar en un proveedor, en un puerto, en transporte, en energía, en infraestructura pública, en un conflicto geopolítico o en un evento climático. La interrupción del negocio sin daño material es un ‘riesgo invisible’, difícil de modelizar, que expone brechas en las coberturas tradicionales y tensiona la capacidad global del mercado.”
Más adelante, Navarro remarcó: “Las brechas más relevantes se evidencian en riesgos que evolucionan más rápido que los productos. En particular los riesgos de interrupción sin daño material, la exposición ambiental de largo plazo, los desafíos asociados a la transición energética y la creciente interdependencia entre riesgos operativos, tecnológicos y financieros. Más allá de las coberturas disponibles, muchas veces el desajuste está en las condiciones efectivas de transferencia, donde sublímites, exclusiones o definiciones restringidas reducen el alcance real de protección.”
En cambio, Crespo puso el foco en otros ramos: “En el tema cyber risk y riesgos de nuevas tecnologías, todavía es difícil el análisis de los impactos y la suficiencia de cobertura, no solo por la brecha entre cobertura y riesgo sino también en el impacto que el tema puede tener sobre la operación comercial. En el tema de Responsabilidad civil también, los alcances en temas contractuales, retiros de mercado por contaminación. También algunos límites por normativa, como la RC de automotores, yendo a algo más masivo, donde las sumas son insuficientes. Tenés que negociar con las aseguradoras una ampliación de límites o la cobertura de tu RC General, pero eso no es de alcance para todos, y debiera considerarse que, en muchos casos, eso el asegurado común lo desconoce.”

«La propuesta del mercado asegurador todavía está evolucionando más lento que la realidad de los riesgos corporativos»

Bárbara Carrizo, Directora de Seguros y Riesgos Corporativos y DPO de Arcos Dorados

«Desde la perspectiva de la gestión de riesgos, el mercado asegurador en Argentina muestra solidez en sus coberturas tradicionales»

Fernanda Navarro, Risk Manager y cofundadora de IRMA – Insurance & Risk Management Association

«Creo que el mercado está siempre atento a la búsqueda de soluciones para las necesidades»

Marcelo Crespo, Gerente de Auditoría, OyM y Seguros de Mastellone Hnos. S.A.

Precio, capacidad, servicio, y expertise técnico

Sobre los criterios para elegir aseguradora, Crespo consideró: “Para la elección de la aseguradora es muy importante considerar el expertise de la compañía en el riesgo, su capacidad de respuesta ante siniestros para la magnitud y características del riesgo. El precio y el servicio son sin duda variables que todo risk manager debe considerar ya que trabaja con la base de un presupuesto, pero considero antes que nada los aspectos antes mencionados, para luego negociar condiciones.”
En la misma línea, Navarro señaló: “Hoy las organizaciones valoran cada vez más un enfoque integral. Más allá del precio, los factores determinantes incluyen la capacidad técnica de suscripción, el conocimiento específico del riesgo, la solidez financiera y por supuesto, la calidad en la gestión del siniestro. En este contexto, el rol de la aseguradora evoluciona y las organizaciones le imponen el rol de socio estratégico en la gestión del riesgo, más que un mero proveedor de capacidad.”
Por su parte, Carrizo fue clara: “Sin duda la solvencia y la calidad técnica de suscripción son el primer filtro. En caso de las grandes empresas que operamos en muchos países y manejamos riesgos complejos es clave saber que la aseguradora que ofrece capacidad no solo tiene apetito comercial sino que entiende bien el riesgo que está tomando. Esto minimiza la posibilidad de discusiones a la hora del siniestro. Si bien somos muy agresivos a la hora de buscar precio somos muy exigentes en cuanto a la calidad técnica. Buscamos desarrollar relaciones de largo plazo con aseguradoras que estén dispuestas a dar servicio y trabajar como socios en la mejora de nuestros riesgos.”

La respuesta del mercado ante siniestros complejos
Acerca de la respuesta del mercado ante siniestros complejos, Navarro opinó: “En siniestros complejos es donde realmente se pone a prueba el sistema asegurador. Si bien se observa una alta profesionalización en el mercado, todavía existen oportunidades de mejora en términos de previsibilidad en la interpretación de coberturas, tiempos de respuesta y alineación entre las expectativas del asegurado y la ejecución del contrato. La experiencia demuestra que la calidad técnica del ajuste y la claridad contractual previa son factores clave para mejorar estos resultados.”
Luego, Crespo indicó: “La respuesta del mercado al igual que en otros casos se ha ido transformando con la evolución de la tecnología y el trabajo de la ingeniería de riesgos que permite trabajar sobre prevención y estimación de daños, considerando el impacto que los siniestros complejos conllevan (impacto en el negocio, la continuidad y tiempos de resolución), pero también ha ido cambiando la exposición a nuevos eventos por lo que se necesita seguir trabajando en la forma de anticiparse.”
Por su parte, Carrizo sostuvo: “Si bien todo siniestro complejo tiene muchas instancias y varios puntos a negociar porque nadie desembolsa grandes sumas tan rápida y fácilmente, como ponemos mucho foco en que las aseguradoras donde colocamos nuestras coberturas conozcan muy bien nuestros riesgos, en general nos han dado buena respuesta. Desde ya que todo el proceso de liquidación lleva su tiempo e implica mucha dedicación y esfuerzo interno para colaborar en la constatación de daños y determinación de pérdida que en muchos casos no es tan directa ni lineal, en general encontramos buena predisposición. También trabajamos mucho en el desarrollo de relación con los estudios de liquidación y áreas de siniestros de las compañías para que en el momento del siniestro haya muchos puntos técnicos preacordados en base a la operación específica y particularidades de nuestra compañía.”

Avance
Sobre los cambios observados en la relación con aseguradoras y brokers, Navarro afirmó: “Se observa una evolución positiva hacia relaciones más colaborativas y técnicas. Los brokers han fortalecido su rol como articuladores y asesores estratégicos, y las aseguradoras muestran mayor apertura al diálogo técnico. Sin embargo, el desafío hacia adelante es profundizar este vínculo en etapas más tempranas, particularmente en el diseño de soluciones para proyectos complejos o de gran escala.”
En ese sentido, Crespo remarcó: “En general creo que se agilizó la comunicación, producto también del ritmo de cambio que introdujo la virtualidad, y la velocidad de la información. En nuestro caso tenemos operaciones que manejamos en directo con las aseguradoras y hemos encontrado buena respuesta, y en otros casos se nos facilita mucho la gestión sobre ciertas operaciones con la participación del bróker, por su amplio conocimiento del mercado y su alcance regional e internacional.”
Por su parte, Carrizo señaló: “Noto un mayor acercamiento de las aseguradoras con los risk managers para poder entender mejor las necesidades reales de las empresas. Tanto aseguradoras como brokers están trabajando en desarrollar algunas herramientas que mejoren el análisis de riesgos y ver cómo evaluar mejor los riesgos emergentes (modelos de predicción de eventos climáticos, evaluación de riesgo cyber) pero aún falta mucho por conectar esas soluciones con productos que cubran integralmente estos riesgos.”

Riesgos emergentes
Consultado sobre los riesgos emergentes aún no cubiertos, Crespo señaló: “Es un poco lo mismo que lo mencionado en cuanto a la brecha, el crecimiento de nuevas operaciones y el avance que sobre esto tiene la tecnología, no permite ciertamente establecer si los riesgos están correctamente cubiertos, y muchas veces ni siquiera evaluado su impacto. Otro punto importante para nosotros es el de cambio climático y su impacto en las operaciones (sequías, inundación de accesos).”
Por su parte, Carrizo enumeró cuatro: “Respecto de riesgos emergentes, destacaría cuatro: interrupción sin daño material / NDBI, es probablemente una de las brechas más críticas para empresas con operación presencial, digital y altamente dependiente de terceros, y se la define como un riesgo invisible, sistémico y difícil de transferir porque carece de un trigger físico claro; cyber-physical risk, ya que la separación tradicional entre daño digital y daño físico ya no refleja la realidad de procesos automatizados, plataformas de pago, apps y sistemas críticos; riesgo climático y catástrofes secundarias, porque el cambio climático nos expone a un aumento de frecuencia e intensidad de eventos catastróficos, y países como Brasil, que no eran mayormente catastróficos, tuvieron las inundaciones de Río Grande do Sul que paralizaron uno de los estados más productivos por meses; e inteligencia artificial, que es uno de los principales riesgos futuros, donde el desafío no es solo tecnológico, sino de gobernanza, responsabilidad, sesgos, decisiones automatizadas, seguridad y reputación. Lo más importante en riesgos emergentes es evitar una falsa sensación de transferencia. Que exista una póliza no significa que el riesgo esté transferido. Debemos tener muy claro qué escenario concreto me preocupa, cuál es el trigger de cobertura, qué exclusiones aplican, cómo pruebo la pérdida, qué parte queda retenida y cuánto capital necesitas para absorber lo no transferido.”
Con una mirada centrada en la industria y la transición energética, Navarro detalló: “Si bien existen avances, muchas de estas exposiciones aún presentan limitaciones en términos de capacidad, claridad o adaptabilidad de las coberturas disponibles. Cuando analizamos los riesgos emergentes, el desafío no es tanto la inexistencia de coberturas, sino que muchas de ellas aún no logran capturar de forma adecuada la naturaleza real del riesgo, su interdependencia y su impacto económico final. Por mencionar algunos ejemplos: en riesgos cibernéticos en entornos industriales (OT / ICS), donde si bien el mercado ha avanzado en coberturas de ciberriesgo, estas están mayormente diseñadas para entornos IT tradicionales (data, información, privacidad). Sin embargo, en industrias como energía o infraestructura crítica, el mayor impacto proviene de sistemas operacionales (OT), donde un incidente puede generar paradas de planta, daños físicos en equipos, interrupción de suministro. Existe una brecha en donde las pólizas excluyen o limitan el daño físico derivado de ciber eventos; o existe una separación entre ciber y property / BI; claramente, existe una falta de integración entre seguros tecnológicos y operativos. El riesgo es sistémico, pero la cobertura sigue fragmentada. La transición energética introduce nuevas tecnologías, procesos y modelos de negocio: hidrógeno, energías renovables, captura de carbono, nuevas cadenas logísticas. Las coberturas existen, pero muchas veces tienen exclusiones relevantes, o condiciones restrictivas, o directamente no reflejan el riesgo operativo real, lo que se traduce en la incertidumbre sobre la efectiva transferibilidad del riesgo. Uno de los mayores gaps del mercado actual es la interrupción sin daño material (NDBI). Las operaciones pueden verse afectadas por fallas en proveedores críticos, problemas logísticos, incidentes tecnológicos, cortes de suministro externos. El problema es que las pólizas tradicionales de Business Interruption requieren daño material como disparador. Si bien hay soluciones (paramétricas o específicas), suelen tener limitaciones, baja capacidad o no están suficientemente desarrolladas en el mercado local.”

Innovación
Consultada, además, sobre el nivel de innovación que percibe en productos y soluciones, Carrizo cerró: “El mercado viene desarrollando soluciones y algunas coberturas innovadoras pero aún falta mucha evolución. Empiezan a haber mayor oferta de soluciones paramétricas que pueden facilitar la transferencia de riesgos complejos mediante índices objetivos y triggers claros; así como soluciones híbridas que integran triggers objetivos y subjetivos para personalizar la transferencia. Si bien requieren ingeniería contractual sofisticada, flexibilidad y personalización, esa es, para mí, la dirección correcta. También hay innovación en cyber, aunque el desafío es que el riesgo evoluciona más rápido que el wording. La automatización, la inteligencia artificial, la dependencia de terceros, la nube, las APIs, los pagos digitales y los procesos físicos conectados obligan a revisar coberturas que antes se pensaban separadas. Si bien la innovación tecnológica ya está en el centro de la agenda aseguradora, todavía veo una brecha grande en la experiencia y procesos operativos y administrativos. Para líneas personales o productos masivos hay avances relevantes en digitalización. Pero en el segmento corporativo todavía hay procesos básicos que deberían ser más ágiles: emisión de certificados, endosos, documentación local, consistencia de wordings en programas multinacionales, trazabilidad de siniestros y acceso a información consolidada. El mercado asegurador tiene una oportunidad enorme: pasar de ser un proveedor de pólizas a convertirse en un socio estratégico de resiliencia. Para eso necesita entender que los riesgos corporativos ya no son lineales ni aislados. Son interdependientes, regionales, tecnológicos, reputacionales, regulatorios y operativos al mismo tiempo, y requiere soluciones personalizadas y diferenciales.”